lunes

En la otra cuadra.


Siempre pasa por adelante de la puerta del Vecinito. No lo conoce, nunca lo vio, pero escucha sonar su bandoneón desde el quinto C y sueña con un bohemio loco de amores.
A decir verdad, la loca es ella, que se enamora de un bandoneón y unas poquitas ropas que vio tendidas alguna vez.
Pero pasa siempre e intenta encontrarle los ojos atrás de la cortina o las manos y el bandoneón, moviéndose acompasadas.
Y le late el corazón cuando ve salir a alguien del edificio, y piensa: "¿Será ese el músico?" Pero no. Lo descarta porque en su imaginario él es un muchacho raro y con anteojos, más bien extravagante, por ahí, con el pelo largo o no, no le importa tanto.
Y hoy el Vecinito no toca el bandoneón, tiene tumbadoras nuevas, se nota que son nuevas porque le sale un ritmo irregular y bastante malo. Pero el corazón de la gurisa late igual, sabe que a las tumbadoras las tocan las mismas manos y piensa que aunque ahora esté intentando terminar un trabajo para el diario y el ruido sea un poco molesto, el Vecinito va a aprender y quizás un día ella le diga que siempre lo escucha y que le enseñe.
Pero no se va a animar, ya sabe, porque una historia inconclusa de amor es siempre mejor que el desengaño.

No hay comentarios:

Publicar un comentario