lunes

Calor.

Me contó un amigo que le contó un profesor, y yo elegí creer, que un día en pleno centro de Buenos Aires iba una madre con su hijo, y el pequeño de pronto vio a un hombre acostado en la calle como esperando a la muerte o a la vida, no sé. Entonces el niñito pidió a la mujer que lo dejara acercarse al desconocido, que lo dejara abrazarlo, y ella no aceptó porque era peligrosa tanta humanidad.
El hijo se tornó insoportable. Berreaba en silencio, intentando conmover a la madre que, vencida, lo dejó acercarse. Y él caminó muy despacio hasta el hombre y lo abrazó. Entonces el recién bendecido lloró bajito y le dijo:
-Hoy es mi cumpleaños.

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